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domingo, 18 de diciembre de 2016

Ils ne passeront pas! La historia de la Batalla de VERDÚN. Pour Guillaume M.

Los campos de Verdún, Francia permanecen intactos 100 años después de la mítica batalla que horrorizó al mundo durante la Primera Guerra Mundial.

“Queridos padres, estoy acostado en el campo de batalla y tengo una bala en el vientre. Creo que me estoy muriendo”. Este mensaje lo escribió Johannes Has, un soldado alemán en las trincheras de Verdún. Una carta que define lo que fue aquella batalla: una muestra del Apocalipsis. Este 19 de diciembre se cumplen 100 años del final de aquella carnicería y en aquel escenario de horror reina el silencio.
El campo de Batalla de Verdún se mantiene como un gran sepulcro. El bosque ha crecido sin esconder los restos de un combate que se convirtió en el símbolo de la I Guerra Mundial. Una guerra que cambió todos los cánones militares y que Verdún resumió dejando una profunda cicatriz en la memoria de Francia y Alemania. Tras 100 años las trincheras se resisten a desaparecer.
Operación Gericht
El jefe del Estado mayor alemán, el general Erich von Falkenhayn, preparó con sumo detalle la toma de la ciudad fortificada de Verdún. La estrategia alemana se basaba en un ataque que obligara a los franceses a movilizar tropas hacia un mismo punto y una vez en él, hostigarlas para diezmar tanto las filas francesas y la moral de la potencia. La zona de Verdún era ideal para sus propósitos: matar y herir a cuantos más franceses fuera posible.
La inteligencia alemana informó que se habían retirado tropas y artillería francesas de la zona para desplazarlas hacia otros puntos calientes. Von Falkenhayn pensó que con el ataque al flanco verdunés daría un golpe de efecto rápido que dejaría a Francia desconcertada y rompería con la guerra de posiciones establecida desde 1914.
La potente maquinaria alemana se puso en marcha. Von Falkenhayn dispuso más de ochocientos cañones de manera estratégica y cosió su territorio con una línea de defensa férrea. Incluso, ordenó volar los campanarios de los pueblos donde los alemanes se agazapaban para despistar los mandos franceses. Una batalla planteada con un único objetivo: desangrar Francia.
Empieza el infierno
A las 7:15 minutos del 21 de febrero de 1916, después de posponerse dos días por el mal tiempo, los alemanes encendieron la mecha de sus cañones. La Gran Berta, el temido cañón de 420 mm capaz de lanzar proyectiles a 12 kilómetros y provocar cráteres de seis metros de profundidad, o el efectivo Skoda 35, y otras máquinas de matar empezaron a disparar.
En diez horas un millón de obuses cayó sobre una linea francesa de casi 30 kilómetros . La ofensiva era demoledora. Nueve horas después del barrido de artillería, tres cuerpos de infantería alemana penetraron en zona francesa. Fusilería y lanzallamas sembraron el terror entre los poilus -soldados franceses. 
Los alemanes entonces lograron conquistar Fort Douaumont apenas cuatro días después de iniciar el ataque.
La ofensiva se estabiliza
El Estado Mayor francés reaccionó ante la contundencia del ataque. 
El General Édouard de Castelnau envió el Segundo Ejército francés, bajo el mando del General Philippe Pétain, hoy uno de los próceres de Francia. Los alemanes avanzaban rápido a pesar de la dura resistencia francesa. Una resistencia que convierte Verdún en la lucha nacional francesa.
 Pétain plantea una defensa basada en la logística, tomando en cuenta la meteorología (hacía un frío terrible y caía nieve en cantidad) y porsupuesto como todo buen francés valoraba el error de cálculo del enemigo. Resultado: los franceses paralizaron la ofensiva alemana con unas pérdidas sangrientas.
El avance de la infantería alemana la desprotegía de su artillería. La helada lluvia que caía todo el tiempo  y posteriormente la nieve habían convertido los bosques de Verdún, en un gran pozo de barro y sangre que no permitía avanzar los cañones. Petain entonces, aprovechó para rearmar el ejército con una gran operación logística, colocando estratégicamente baterías que castigaron los alemanes.
Los valientes soldados alemanes no hicieron caso y se lanzaron a destruir las baterías francesas pero era una lucha desigual. La nueva disposición de artillería ordenada por un brillante Petain los envolvía todavía más. El frente se estancó y se empezó a atisbar que la magnitud de la tragedia dibujaba un verdadero Apocalipsis. Barro, sangre y muerte llenaron los alrededores de Verdún.
El final.
La guerra de trincheras y el desgaste fueron brutales. El general Robert Nivelle relevó a Petain del mando y empezaron los contraataques franceses para recuperar el terreno perdido. Un palmo de reconquista se pagaba con un reguero de sangre, llevando muerte a ambos lados de cada trinchera. Entonces el mítico valor francés logró lo inesperado. La moral comenzó a bajar en el bando alemán que no entendía el mantenimiento de una ofensiva en una ciudad que ni franceses ni alemanes necesitaban estratégicamente para la victoria de la Primera Guerra Mundial.
Entonces Robert Nivelle otro prócer francés en la actualidad, recordó a Napoleón Bonaparte para quien los símbolos y sobre todo las palabras eran más fuertes que las balas y las bayonetas y creó el lema francés para Verdún:

“Ils ne passeront pas!” (¡No pasarán!)

Convirtiendo cada pequeño avance en una gesta de gloria.
Para el 19 de diciembre de 1916, después de una ofensiva al norte del fuerte de Duaumont y un mes y medio después de recuperar el simbólico Fort Vaux, acabó la batalla.
Verdún fue el resumen de la Primera Guerra Mundial. Una batalla sangrienta y absurda que infligió 700.000 bajas, casi a partes iguales entre los dos bandos. 
¿Derrota, victoria...? Verdún es un símbolo de que en una guerra todos pierden. 

Verdún hoy: 100 años de la mítica batalla.

La carretera que conduce al campo de batalla apenas tiene tráfico en la semana en que se conmemora el centenario del final de la batalla. No ahy caravanas tal como personalmente esperaba ni miles de banderas de Francia y de Alemania. Junto a mi Audi de alquiler, un autocar con unos veinte chicos de la primaria, unos jubilados franceses y una veintena de jóvenes soldados para la ceremonia del dix-neuf (diecinueve).

Caminando por la historia.
Las lomas del bosque y la hierba parecen pintadas al óleo. Sin embargo aún están las terribles marcas de los obuses. Un cartel dice: 

"passage interdit" (prohibido el paso)

Porque aún anidan bajo tierra bombas que pueden estallar por la vibración de la pisada de un pie humano. Ha llovido recientemente y el barro de Verdún todavía guarda muerte y miles de cadáveres esperan ser rescatados de su salvaje entierro. Es posible llegar hasta la aún presente linea de trincheras y en ese momento el espíritu pierde la valiosa tranquilidad que nos regala un paisaje de campo. El silencio reinante es cómplice del horror que yace bajo tierra.

Me hablaron de cuerpos desmembrados, cabezas tiradas en la tierra a medio calcinar, extremidades con parte del uniforme y mucha rabia y dolor en la expresión de los muertos. Me hablaron del llanto en silencio en rostros jóvenes que con mucha bronca miraban a sus compañeros de armas, jurando una venganza que llegó o no. 
El hermano mayor es por regla, el primer héroe de la infancia. Mucho más aún si decide alistarse con 17 años como voluntario de un ejército sin saber que será de su destino. Muchas familias del ladó alemán y del lado francés perdieron alguien en la Primera Guerra Mundial y muchas de ellas saben del horror de Verdún. 

Cien años después es imposible encontrar algo pero tenía que conocer de primera mano el valor y el horror de ese muchacho, desaparecido 24 horas del final de la batalla, el 18 de diciembre de 2016, de quien mi abuela refería las historias más extraordinarias.

Para/Pour Guillaume M. 258 R.I. 2E. CIE.

janvier/11/1898 
decembre/18/1916

In Memoriam.     

Dr. Javier Miglino.

MIGLINO y Abogados.

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